WASHINGTON — El Departamento de Estado de Estados
Unidos le está otorgando nuevas herramientas a los funcionarios migratorios y
consulares para negarle la entrada a ciudadanos extranjeros que deseen ingresar
a Estados Unidos o para expulsarlos si ya están dentro del país.
En un cable enviado a las embajadas de Estados
Unidos en todo el mundo, el secretario de Estado, Rex Tillerson mencionó que
aquellos que soliciten una visa para entrar a territorio estadounidense
deben ceñirse, durante al menos tres meses, a los planes que informaron a
las autoridades migratorias. Si en ese periodo hacen algo que no mencionaron en
la entrevista con un funcionario consular al solicitar la visa —como casarse
con un ciudadano estadounidense, asistir a la escuela o tener un trabajo— se
supondrá que mintieron de forma deliberada.
Esto complicaría, si no es que imposibilitaría, la
renovación de su visa, la obtención de una nueva o el cambio de estatus.
Además, si siguieran en Estados Unidos, estos visitantes serían candidatos al proceso
de deportación.
Los cambios de planes que ocurran después de tres
meses también podrían generar problemas pero no se presumirá que son el
resultado de una “tergiversación deliberada”, según el cable. Anteriormente, un
cambio de planes solo era considerado una tergiversación si sucedía
durante el primer mes después de que una persona ingresara al país.
“Si alguien viene a Estados Unidos como turista, se
enamora y se casa dentro de los primeros 90 días de su estancia en el país y
después solicita una tarjeta de residencia, se le negará la solicitud”, señaló
Diane Rish, directora adjunta de relaciones gubernamentales de la Asociación de
Abogados de Inmigración Americana. “Es un cambio significativo en las
políticas”.
En 2016, Estados Unidos emitió más de diez millones
de visas, lo cual sirvió para apoyar a la industria turística. La nueva regla
no se pondrá en práctica para ciudadanos de 38 países —principalmente de Europa
y naciones aliadas como Australia, Nueva Zelanda y Japón— que no necesitan una
visa o un plan explícito de viaje, negocios o educativo antes de ingresar al
territorio estadounidense.
No obstante, la mayoría de las personas que
provienen de Medio Oriente, África y una gran parte de Asia necesitan visa, y
las decisiones consulares sobre quiénes obtienen el preciado documento son
algunas de las fuentes de tensión más graves entre Estados Unidos y estas naciones.
En algunos países, cientos de personas hacen filas en las embajadas y los
consulados estadounidenses para solicitar una visa.
Los ciudadanos de seis países mayoritariamente
musulmanes a quienes se les ha prohibido la entrada a Estados Unidos mediante
una orden que la Suprema Corte permitió que entrara en vigor de manera parcial
en junio no se verán afectados porque no pueden recibir una visa casi
bajo ninguna circunstancia.
Las nuevas reglas son parte de una iniciativa de la
administración de Trump para tomar medidas más enérgicas no solo en contra de
la inmigración ilegal, sino también para reforzar las restricciones en el caso
de la inmigración legal. A principios de este mes, el presidente Donald Trump
se dispuso a terminar con un programa de la época de Obama que
protegía de la deportación a cerca de 800.000 jóvenes adultos que llegaron a
Estados Unidos de forma ilegal cuando eran niños, y recurrió al congreso para
que este buscara la manera de darle continuidad a su iniciativa.
Ira Mehlman, un vocero de la Federación para la
Reforma de la Inmigración Estadounidense, una organización que defiende las
regulaciones migratorias más estrictas, afirmó que su grupo respaldaba la nueva
regla.
“Es un esfuerzo para prevenir que la gente abuse
del proceso legal de inmigración”, señaló Mehlman. “Se debería exigir evidencia
a las personas que dicen que sus planes han cambiado”.
Sin embargo, Rish mencionó que muchas cosas pueden
cambiar en tres meses para un joven visitante y que es draconiano suponer que
estos cambios surgen de una mentira deliberada.
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